Naples. Estados Unidos. 

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La utilización de la imagen de José Martí por parte del régimen comunista de Cuba es un hecho innegable. Durante los próximos días se estará asumiendo como justificación premeditada para exaltar logros imaginarios y utópicas metas que los fanáticos y recalcitrantes dan por ciertos, y lo peor, los que conociendo de las atrocidades del castrismo, le siguen, cual eterno juego de complicidad, en sus fechorías.

Si la convocatoria es hecha por la Sociedad Cultural José Martí, se reafirma, aún más, esta idea de utilizar al más genuino de los cubanos de todos los tiempos para resaltar lo que durante décadas han llamado logros de la revolución, y como es lógico, presentar una vez más, las disparatadas concepciones de unos inexistentes vínculos entre el extraordinario pensador del siglo diecinueve cubano y el tirano Fidel Castro, quien respondió durante su juicio por los sucesos del Moncada que Martí había sido el autor intelectual del conocido asalto, independientemente de los años que separan el accionar del héroe de Dos Ríos del terrorífico y fracasado suceso de 1953.

En la ciudad de Cienfuegos, al centro y sur de Cuba, tendrá lugar entre el nueve y el doce de noviembre el quinto evento de “Jóvenes Martianos”, encuentro que por primera vez se realiza fuera de la capital del país, y que es convocado – como todo lo que acontece en Cuba en torno a José Martí–  por la oficialista institución cultural que por desgracia lleva su nombre.

La idea de promover el pensamiento martiano entre las nuevas generaciones, sin duda, podría ser excelente, pero siempre que se haga en su total y real dimensión, esto es, sin la omisión de algunas de sus enseñanzas y sin la tergiversación de otras, y los que conocemos de cerca las pretensiones del régimen castrista y las directrices y objetivos de la Sociedad Cultural José Martí, estamos convencidos que lejos de ser una fausta idea, constituye un verdadero “sacrilegio martiano”.

Y no crean los lectores que especulo de manera anticipada sobre lo que ocurrirá en dicho evento. Los medios oficialistas de la isla ya han hecho referencia a una “gran fiesta cederista” – con lo que se consuma la politización del evento, toda vez que mezclan a los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) con el encuentro juvenil martiano–  que tendrá lugar en el reparto Junco Sur, en dicha localidad de Cienfuegos,  para dar la bienvenida a unos 150 delegados de todas partes de Cuba, quienes serán acogidos por familias de este popular barrio.

Si a esto añadimos que se prevé un “diálogo intergeneracional” con el nombre “Martí, la obra actual de Cuba”, amén de la disertación que han anunciado como conferencia magistral – me temo que desconocen los aspectos elementales de la pedagogía como para opinar acerca de si una conferencia es magistral o no–, dictada por el profesor Juan Lozano Ros, asesor de la Oficina del Programa Martiano, y que se titula “Martí en Fidel”, se podrá tener una idea precisa del matiz totalmente comunista que tendrá un evento que, utilizando la figura de José Martí, servirá para difundir las “bondades” de la revolución cubana y para exaltar la vida y obra de su llamado líder histórico, el desaparecido dictador Fidel Castro.

Como es de suponer en el rimbombante diálogo intergeneracional “Martí, la obra actual de Cuba”, habrá un derroche de esos “logros” de una educación gratuita, aunque los educandos no sepan expresarse, nunca han leído un libro y apenas pueden redactar, y cuyos maestros cometen graves errores ortográficos y desconozcan la historia de Cuba, y como es lógico, los elementos básicos de la historia universal; y también de una salud accesible para todos, aunque la mayoría de los médicos se encuentren trabajando en el extranjero o abandonaron definitivamente el país; o cualquier otro disparate que sirva de soporte a una propaganda comunista creída solo por aquellos que ya han sido dañados por los graves efectos del estatismo mental inducido.

Al final habrá algunas frases a modo de eslogan, las que podrán asociar las ideas de José Martí, sacadas de su contexto histórico y geográfico – aunque ellos no saben de contextualidad, ni de análisis exegéticos, ni de entornos sociales– y adaptadas por capricho a un perdido presente que intentan hacer perpetuar, aun cuando saben que ya su tiempo ha terminado y que sus escasos remanentes van camino a la extinción.

Pero lo que me resulta más absurdo es esa desatinada propuesta de “Martí en Fidel”, algo que merece un análisis, aunque la brevedad de un escrito de este tipo apenas lo permite. En primer lugar he de destacar que el primer culpable de esta obsesión de querer vincular a Martí con Castro ha sido el propio dictador, quien de manera inescrupulosa, premeditada y con alevosía se apropió de su imagen – una imagen ganada con decoro en virtud de un sacrificio ejemplar, y de una vida digna entregada a la causa independentista cubana–, lo que le serviría como escudo protector una vez que fuera manipulando a las masas desposeídas que le siguieron, y repitieron sin cesar sus estereotipadas frases acerca de autorías intelectuales, o de utilizar de manera descontextualizada las ideas acerca de monstruos y de entrañas, o del norte revuelto y brutal.

Debe quedar bien definido de una vez y por todas que el inspirador pensamiento de José Martí, quien se ganó la denominación de Apóstol, y a quien se le ha llamado además el Santo de América, jamás ha estado presente en las satánicas ideas de Fidel Castro. De haber existido esta posibilidad Castro no hubiera sido tan malvado, y lejos de llevar a la nación cubana a su destrucción total, se hubiera inmolado – como supo hacerlo el colosal héroe de Dos Ríos- en pos de su salvación. 

A partir de entonces – 1953, cuando el juicio del Moncada, aunque adquiriría dimensiones inusitadas después de 1959, y aún más a partir de 1961, con la declaración del carácter socialista de la revolución cubana– José Martí fue utilizado a conveniencia, destacándose solo aquello que le pudiera relacionar con cierto rechazo hacia los sistemas de gobiernos de Estados Unidos, o con la gran obsesión delirante de Fidel Castro: el antiimperialismo.

Atrás quedarían sepultadas para siempre las nobles enseñanzas martianas sobre la verdadera religiosidad, la ética de la virtud, la pureza, la inocencia, la dignidad, y ante todo, el amor hacia todos y el respeto por la vida. En su lugar se difundiría alguna que otra frase aislada de su entorno y utilizada en función de los requerimientos de un régimen que sabiendo de su decadencia total se aferra ante el temor de dejar de existir.

El hombre que se refirió a la existencia de vida inteligente en otros mundos, que habló intuitivamente de tierras anteriores y futuras, que defendió la teoría de la reencarnación, que se oponía a la pena de muerte, que estuvo en desacuerdo con las tendencias socialistas de su tiempo, o que tuvo conceptos acerca de Dios con una visión y una perspectiva adelantada a su tiempo, también fue quedando en el olvido, y al parecer estos aspectos no se tratarán en el evento martiano de los jóvenes, por lo que seguirán siendo desconocedores de la verdadera enseñanza del más grande y simbólico de los cubanos, quien lamentablemente continuará siendo utilizado mientras existan vestigios de la peor dictadura de la historia continental americana del presente.     

 

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