Naples. Estados Unidos.

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Naples. Estados Unidos. En las muy poco visitadas librerías de algunos países de Latinoamérica, junto a los llamados best-seller, y los libros sobre magia negra, espiritismo, ciencia ficción, tarot y adivinaciones mágicas, usted puede encontrar excelentes ediciones de obras capitales de la literatura universal y de temáticas especializadas, ya sea en la ciencia, la política, la religión o la filosofía. Tuve la oportunidad de descubrir ediciones de lujo de “La República” de Platón, “Las Enéadas” de Plotino, y la colección de seis tomos de “La Doctrina Secreta” de la mística rusa Helena Blavatsky, en las bien surtidas librerías de los más grandes centros comerciales de Colombia y Ecuador, a los que cientos de personas acuden a cualquier cosa menos a adquirir un buen libro.

También y aunque resulte paradójico están siempre presentes los sendos libros de dos figuras del campo de la política continental, que sin haber sido escritores, ni filósofos, ni periodistas, los han convertido a la fuerza en exquisitos manjares para muchos jóvenes desorientados y entusiasmados con el pensamiento de la izquierda latinoamericana. Me refiero a obras del dictador cubano Fidel Castro y del aventurero guerrillero argentino Ernesto Guevara.

A pesar del desinterés generalizado de las actuales generaciones por la lectura- lo que es un fenómeno de carácter universal-, se siguen realizando ferias del libro en numerosos países del mundo, principalmente de Europa y América. Cuba no es pues la excepción, y se une a este grupo de naciones que intentan promocionar la literatura en sus diversas modalidades y géneros, tratando de rescatar e incentivar el gusto por la lectura a través del texto impreso.

Se dice que muchos leen textos digitalizados a través de Internet, lo que, sin duda, puede ser cierto, pero no justifica la decadencia del cultivo del intelecto a través de las formas tradicionales de libros de textos sacados de las imprentas. Todos conocen las finalidades y prioridades que los jóvenes dan a los avances que en materia de digitalización e informática tienen en sus manos. Los juegos, la conexión a las redes sociales, la pornografía, la publicidad, entre otros temas, ocupan lugares preferenciales para los jóvenes.

Hace algunos años supe de las opiniones que algunos intelectuales en el mundo tenían sobre la Feria del Libro de Cuba. Afirmaron que era seria y que tenía buenas propuestas, algo que al parecer no se corresponde con las opciones de este año en su vigésimo sexta edición, cuyo evento se ha convertido en una lección magistral de una nueva concepción del culto a la personalidad a través de la evocación reiterada de varios aspectos de la vida y de la obra del dictador cubano Fidel Castro.

Desde el pasado jueves, nueve de febrero, una serie de debates, conferencias y presentaciones de libros dedicados a su figura, así como un grupo de textos de su autoría –no es que fuera escritor el viejo comandante ya ausente, sino que han recopilado sus kilométricos discursos, sus desatinadas reflexiones, y al parecer todo cuanto dijo y hasta lo que dejó de decir- son presentados como propuestas para esta vigésimo sexta edición del evento de las letras de la mayor de las Antillas.

Pero retomando el tema del desinterés motivacional por la lectura y antes de adentrarnos en el Fidel escritor que pretende destacar esta feria, es necesario insistir en que el fenómeno de la apatía por la lectura está presente en Cuba como en cualquier otro país del mundo. Las entrevistas realizadas por unos colegas de Cubanet a muchos jóvenes cubanos por motivo del aniversario del onomástico de José Martí, así lo demuestran. Solo pudieron referir que el colosal cubano había escrito “La edad de oro” –vamos a aceptarla como libro, por cuanto, fue una revista de la que solo se publicaron cuatro números, los que agrupados conforman un texto único-, está de más insistir en la idea del desconocimiento de otros autores de la altura de Miguel de Carrión, Cirilo Villaverde, José Lezama Lima, Alejo Carpentier, Guillermo Cabrera Infante, Dulce María Loynaz, Virgilio Piñera, Nicolás Guillén, Lisandro Otero, Leonardo Padura, entre otros tantos. Si no conocen la obra de Martí que se repite hasta el cansancio desde las escuelas primarias hasta los estudios superiores, es de esperar que jamás se acercaran a los paradigmas literarios que nos dejaron los antes mencionados.

Las presentaciones de libros, y en primer lugar su venta, no se puede considerar como un indicador que exprese de modo confiable el interés de una población por la lectura. De acuerdo con los informes del Observatorio Cubano del Libro y la Lectura -datos que no solo publicó Cubanet, sino el diario oficialista cubano Juventud Rebelde-, el 42,4 por ciento de los universitarios cubanos muestra poco interés por la lectura y el 4,5 no tiene atracción alguna por leer. Resulta muy preocupante que el 66,34 por ciento de los participantes admitió que sólo de vez en cuando o casi nunca tenían la necesidad de consultar obras de carácter literario, y el 7,38 por ciento reconoció que nunca. Téngase en cuenta que la investigación fue realizada a 1.423 jóvenes estudiantes universitarios de 48 especialidades o carreras pertenecientes a 24 universidades. Ya podrán imaginar los resultados si se les hubiera aplicado las encuestas de la investigación a la población en general.

comandante-ceniza-2Representantes de la dictadura comunista cubana en la Feria del Libro de La Habana.
Foto tomada de Prensa Latina, Agencia Informativa Latinoamericana.

En el orden práctico, los cubanos que pueden actualmente darse el lujo de adquirir libros, considerando el alza de sus precios, no los leen. Algunos por el esnobismo de las ferias los compran, dan un vistazo a su prólogo y los van dejando para un futuro que jamás llega. Las preocupaciones de naturaleza social y política, y la vida de supervivencia que se lleva actualmente en Cuba han influenciado sobremanera en la actitud de las nuevas generaciones, independientemente a que la ignorancia y la desmotivación centralizan el prototipo del hombre nuevo que se ha multiplicado en la Cuba comunista de las últimas décadas.

¿Pero cuáles son las opciones que distinguen a esta feria en relación con esa dedicación especial al dictador Fidel Castro? Una conferencia dictada por el doctor Eusebio Leal, historiador de La Habana -leal hasta su muerte a pesar de las acciones que le marginan actualmente-, sobre el sentido del humanismo en Fidel Castro a través de su legado, el coloquio “Fidel política y cultura”, tres paneles sobre su pensamiento político y revolucionario, el documental “Fidel es Fidel”, así como varias presentaciones de textos que abordan puntos sobre la cultura y la tradición universitaria en relación con el pensamiento de Fidel Castro, folletos sobre algunos aspectos de su niñez y como colofón los libros: “Diccionario de pensamientos de Fidel Castro”, “Fidel periodista” y “Fidel Castro y los Estados Unidos, 90 discursos, intervenciones y reflexiones”.

Lamentablemente se han malgastado grandes cantidades de papel, en un país donde hasta utilizar un buen papel es un lujo, para publicar una inmensidad de textos de la autoría de Fidel Castro, que solo serán adquiridos por los seguidores de su partido comunista, la camarilla de la cúpula militar y de los órganos represivos de la Seguridad del Estado, entre otros tantos fanáticos, que a pesar de saber que han vivido en medio de una absurdidad política y social le siguen hasta la muerte.

He dicho que los libros serán adquiridos, lo que no necesariamente significa que sean leídos por dichos compradores, los que como todos sabéis, dedican mucho de su tiempo libre a la diversión, y el cultivo del intelecto a través de la lectura no ha sido nunca una prioridad para los elegidos del régimen, quienes asisten a veladas, ceremonias, conciertos y conferencias haciendo “acto de presencia” por el cumplido que su deber y su papel en la sociedad comunista les demanda.

Los que ya no somos tan jóvenes recordamos aquellos tiempos en que en las librerías cubanas se podían adquirir a precios casi simbólicos los tres volúmenes de “El Capital” de Carlos Marx, “Manifest der Kommunistischen Partei” (“El Manifiesto del Partido Comunista”, solo conocido como “El Manifiesto Comunista”), de Marx y Engels, y hasta las “Obras Completas” de Vladimir Ilich Lenin, todas en ediciones de lujo, procedentes de editoras moscovitas, a las que se unían las grandes novelas de Tolstoi, lo mejor de la poesía de Pushkin, y las ejemplares obras de Fíodor Dostoievski, estas últimas como muestra de las obras más representativas de la literatura rusa, mientras que las brillantes investigaciones de los cubanos Jorge Mañach, Medardo Vitier, Hernández Catá, Isidro Méndez y Rodríguez Embil, fueron sepultadas junto a la obra para teatro y los exquisitos cuentos de Virgilio Piñera, aquel que experimentó el temor, cual profética sensación anticipatoria, durante las primeras reuniones del dictador -a quien hoy se le dedica la Feria del Libro- con los intelectuales cubanos.

En esta fiesta de las letras cubanas, el ser que destruyó la nación, y que no ha sido ni escritor, ni politólogo, ni ensayista, mucho menos periodista, – recuérdese “Fidel periodista” mencionado antes, que figura entre los textos especiales de la feria-, y ni siquiera orador brillante como se pretende – el texto “Fidel Castro y los Estados Unidos, 90 discursos, intervenciones y reflexiones”, se dedica a su oratoria -, le quita el protagonismo a los pocos escritores de primera que quedan en el país, cuyas obras aún son permitidas. Téngase en cuenta que muchos están prohibidos y han sido marginados y llevados al ostracismo por el régimen.

Así las cosas, y aún desde las profundidades del tenebroso mundo astral, por donde se supone esté haciendo de las suyas, el “invicto comandante” nos sigue invadiendo, ahora desde la literatura, mañana no sabremos cómo, pero continuará aferrado a dejar de existir.

Mientras, sus apasionados servidores alimentan sus estigmas egoicos con acciones como estas, las que lejos de engrandecerlo, lo ridiculizan para situarlo en las profundidades abismales que merece.

 

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