La Unión Patriótica de Cuba recientemente publicó que no participará en el “proceso electoral” que debe desarrollarse entre el presente año y el 2018 en nuestro país.

Tal vez muchas personas se pregunten, y con razón ¿por qué esta actitud ahora si hace algún tiempo expresábamos lo contrario? Y es que en medio de los cambios que se han sucedido en el plano nacional e internacional, sería una falta de visión y pragmatismo político mantener las mismas estrategias.

La UNPACU durante sus cinco años de fundada ha venido combinando el activismo pacífico pero firme en las calles en favor del respeto a los derechos humanos con las labores sociales en favor de las distintas comunidades que rodean las células que tenemos en todas las provincias del país, lo que junto con la distribución constante de información ha tenido como resultado la formación de una modesta y creciente base social.

Esta condición de poseer arraigo en el pueblo y atendiendo a las peticiones de varios simpatizantes, nos hizo pensar desde el año 2014 que presentarnos al primer nivel del falso proceso electoral del régimen podía ser una estrategia válida. Sin embargo, a la idea no se le prestó mayor atención hasta que a finales del 2014 se restablecieron las relaciones entre el gobierno de EEUU y la dictadura cubana.

Este hecho hizo que la lupa del mundo mediático se posara sobre Cuba y que los órganos represivos bajaran el perfil y comenzaran a tolerar algunas actividades siempre y cuando estas no representaran riesgo de generar una explosión popular.

La oportunidad era muy favorable para poner contra la pared al régimen que se presentaba ante el mundo como aperturista y, si acudíamos a las urnas tendrían que permitirnos competir o mostrar su esencia represiva.

De inmediato, además de la UNPACU, varios hermanos de lucha, de dentro y de la diáspora, llegaron a la misma conclusión y, destacando papel del Observatorio Cubano de Derechos Humano en Madrid, comenzamos a compartir ideas de cómo, cuándo, dónde, quien y que se debía realizar en aras del objetivo en cuestión.

La dictadura de La Habana, ni corta ni perezosa, no dio seguimiento a la promesa hecha previo al congreso del Partido Comunista, de orientar a la Asamblea Nacional, en el mismo, la redacción de una nueva ley electoral.

La suspensión de la posición común hacia la Isla del bloque europeo, dejando a un segundo plano el tema de los derechos humanos, supuso un clima favorable para la tiranía que, en los últimos días de la administración Obama, comenzó una ola represiva contra la disidencia pacífica solo comparada con la Primavera Negra del 2003, con la diferencia de que en aquel entonces la comunidad internacional se pronunció enérgicamente.

Al desaparecer todas las condiciones que ameritaban arriesgarse en un proceso electoral tan parcializado, nuestro consejo de coordinadores decidió no asistir y poner todos nuestros esfuerzos en mantener y aumentar, en tan difícil situación represiva, el único elemento que no depende de la política internacional ni de la dictadura, el respaldo que tenemos en el pueblo.

La UNPACU respeta las decisiones de los grupos opositores y personas independientes que tengan una opinión diferente sobre este tema; pero, somos responsables al no asistir para evitar las consecuencias que esto podría ocasionar en favor de la dictadura.

No creemos que un gobierno que impide que sus opositores pacíficos realicen actividades infantiles, vaya a brindar garantías mínimas para exponerse en un proceso electoral en un momento en que se sabe rechazado por el pueblo. En nuestra modesta opinión y acudiendo a la lógica más elemental, esto solo se lo permitirían a quienes con o sin intención le servirían de cuartada para expresar ante el mundo que sus elecciones son legítimas y que sus opositores son rechazados por el pueblo.

 

Katerine Mojena.

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