Naples. Estados Unidos.

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Antes de establecerse en el poder, y apropiarse de todo el patrimonio cubano, Fidel Castro ya había utilizado la figura de José Martí durante su autodefensa en el juicio por el asalto al Moncada, algo que luego reiteró a solo nueve años de su mandato mientras se conmemoraba el centenario del 10 de octubre.

En la velada efectuada en La Demajagua, Manzanillo, el mandatario pronunció un extenso discurso –como era habitual en él– y utilizó la paradigmática imagen del Apóstol para ratificar su absurda idea sobre la influencia martiana en su fracasada acción terrorista: “Y eso no es algo que se diga hoy como de ocasión porque conmemoramos un aniversario, sino algo que se ha dicho siempre (…) y que se dijo en el Moncada. Porque allí cuando los jueces preguntaron quién era el autor intelectual del ataque al cuartel Moncada, sin vacilación nosotros respondimos: ¡Martí fue el autor intelectual del ataque al cuartel Moncada!”.

Sus errados conceptos –aceptados, cual inmutables leyes– lamentablemente quedarían para la historia de la nación cubana. La evocación constante a la simbólica figura del bendito héroe marcaría el pensamiento de la naciente revolución cubana; aunque solo se asumiera una parte de su colosal enseñanza, la que al propio tiempo se descontextualizaba caprichosamente y se adaptaba de manera premeditada y con alevosía a los nuevos tiempos, tiempos de socialismo, antiimperialismo y de patria o muerte.

Las reproducciones en serie de bustos de José Martí para instalarlos en todos los centros educacionales del país, la creación de cátedras y clubes martianos, –con lo que se popularizaba, tal vez demasiado, la figura y la obra martianas–, amén de la consolidación de instituciones como el Centro de Estudios Martianos –de mayor relieve intelectual; aunque bajo los auspicios del oficialismo–, nos dan la medida de esos intentos de utilizar al más grande de los cubanos por parte del régimen comunista, algo que se repitió de idéntica forma al ser invocado el libertador de América, Simón Bolívar, una vez que Hugo Chávez asumiera el poder en Venezuela.

No obstante, con estas pretensiones se abrirían enigmáticas puertas, y a su vez múltiples interrogantes entre muchos cubanos – no todos han podido ser adoctrinados, ni han caído en el estatismo mental inducido al que he hecho referencia en otros escritos-, y algunos se resistieron a asimilar la absurda idea de un Martí socialista, materialista, ateo y del lado de las doctrinas de Marx y del accionar de Lenin y Stalin.

Lo primero que se cuestionaron fue la postura política del mítico Apóstol de Cuba, ahora devenido en Héroe Nacional para atenuar la concepción de un merecido apostolado, y por más que las autorizadas personalidades del oficialismo quisieron explicar, y hasta poder adaptar su colosal pensamiento a la contextualidad del proceso revolucionario cubano – declarado socialista por el dictador Castro desde 1961–, jamás fue posible asimilar la idea de un Martí socialista, aun cuando el acceso a investigaciones serias y de extraordinaria profundidad quedó reducido a pequeños círculos de intelectuales, por cuanto, jamás se volvieron a publicar textos imprescindibles como: “Martí. Estudio integral”, de Medardo Vitier, y una serie de ensayos críticos valorativos del filósofo cubano Jorge Mañach, ambos autores sepultados por el castrismo por sus posiciones no marxistas.

José Martí, la imagen que el tirano Fidel Casto quiso utilizar como elemento defensivo para sus andanzas comunistas, jamás profesó el socialismo, y lejos de profesarlo hizo contundentes críticas hacia un sistema social que consideró corrupto, con lo que se adelantaba a las concepciones de muchos de sus contemporáneos, quienes vieron en el nuevo modelo una posible vía de salvación para las masas explotadas.

En 1884 el eminente antropólogo y teórico social inglés Herbert Spencer publicó un grupo de ensayos con el título: “El individuo contra el estado”, entre los que figuraba “La esclavitud futura”, texto en el que Spencer critica al socialismo y sobre el que José Martí escribió solidarizándose con su mensaje: “Herbert Spencer quiere enseñar cómo se va, por la excesiva protección a los pobres, a un estado socialista que sería a poco un estado corrompido, y luego un estado tiránico”.   

José Martí: “De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del estado” (…) “en ese sistema socialista dominaría la comunidad al hombre, que a la comunidad entregaría todo su trabajo”.

En su artículo publicado en La América, Nueva York,  en abril de 1884, conocido como “La futura esclavitud” – en casi una coincidencia total con el título de Spencer, que es el citado en el párrafo anterior, y no esta forma que utiliza Martí como se cree –, expresó: “Todo el poder que iría adquiriendo la casta de funcionarios, ligados por la necesidad de mantenerse en una ocupación privilegiada y pingüe, lo iría perdiendo el pueblo, que no tiene las mismas razones de complicidad en esperanzas y provechos, para hacer frente a los funcionarios enlazados por intereses comunes.

Como todas las necesidades públicas vendrían a ser satisfechas por el Estado, adquirirían los funcionarios entonces la influencia enorme que naturalmente viene a los que distribuyen algún derecho o beneficio. El hombre que quiere ahora que el Estado cuide de él para no tener que cuidar él de sí, tendría que trabajar entonces en la medida, por el tiempo y en la labor que plugiese al Estado asignarle, puesto que a éste, sobre quien caerían todos los deberes, se darían naturalmente todas las facultades necesarias para recabar los medios de cumplir aquéllos”.

Con profética mirada, y aquel sentido visionario anticipador que lo caracterizó siempre, el sagrado hombre de Dos Ríos fue preciso en sus concepciones respecto a la idea de una aparente protección a los desposeídos, lo que más tarde se convierte en una vía para utilizarlos en su provecho, llegando a adquirir los pobres actitudes pasivas ante esa excesiva protección por parte de los gobiernos de nuevo tipo, los que según Martí, se llegarían a corromper y a convertirse en verdaderas tiranías.

Los comunistas cubanos en su empeño de utilizar al Apóstol pudieran presentar como hipótesis la idea de que este concepto fue algo transitorio que rectificó en otra etapa de su vida, a lo que de manera enérgica los enfrento al demostrar que mantuvo su firmeza contra el socialismo hasta el final de sus días. La carta dirigida a su gran amigo Fermín Valdés Domínguez en mayo de 1894, a solo un año de su partida definitiva del mundo terrenal, así lo demuestra al expresar: “la soberbia y la rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo, empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse como frenéticos defensores de los desamparados”, refiriéndose a los peligros de la idea socialista.

La secuencia de acontecimientos de aquellos países de Europa Oriental a los que se les impuso un régimen comunista, y más tarde las tendencias conocidas en Latinoamérica como Socialismo del siglo XXI, sin omitir el paradigmático caso de Cuba – eslabón entre los europeos del siglo XX y los latinos del XXI–  demuestran lo acertado que estuvo el autor de “Versos Libres” en relación con sus valoraciones críticas sobre el socialismo.

Esa “necesidad de mantenerse en una ocupación privilegiada y pingüe”, algo que más tarde “iría perdiendo el pueblo”, adquirió dimensiones colosales en todas las naciones socialistas – lo que José Martí no llegó a vivir dada la brevedad de su paso entre nosotros–, en las que sus gobernantes violando los aspectos legales de las constituciones, modificando estas últimas, o sencillamente, por la fuerza, se perpetuaron en el poder durante décadas. Los casos de Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia, en Latinoamérica – excluyo a Ecuador teniendo en cuenta la serie secuencial de cambios que han tenido lugar a partir del mandato de su nuevo presidente, quien está dando muestras de una verdadera restauración democrática– constituyen ejemplos de aquella “necesidad” de perpetuidad prevista por Martí.

De modo que al demostrar que José Martí no se solidarizó con las tendencias socialistas, y no solo esto, sino que se pronunció de manera radical contra dicho sistema social, estamos retando a los anquilosados comunistas cubanos, a quienes les recordamos que Martí también nos enseñó: “Edúquese en los hombres los conceptos de independencia y de propia dignidad”.

 

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