La crítica situación económica en que los Castro han sumido a la nación ha traído consigo la degradación de valores que eran inherentes a nuestro pueblo como la hospitalidad, el altruismo y la solidaridad. El panorama de hoy empuja a la mayoría de los cubanos a malversar, a utilizar el engaño y otras artimañas mezquinas para satisfacer sus necesidades más elementales.

No han sido pocos los casos de familias, vecinos y compañeros de trabajo que se han enemistado por desmoralizarse en una asamblea para elegir al merecedor de un artículo electrodoméstico, un teléfono o una de las famosas “misiones” para trabajar como mano de obra barata en el extranjero, que el régimen otorga como migajas de premio.

Recientemente un simpatizante nos hizo llegar un audiovisual filmado con un móvil, donde dos trabajadoras de la salud en Santiago de Cuba, para ser específicos enfermeras, se pelean en plena calle, según nos informó el portador del video, porque una descaracterizó a la otra para impedir que le eligieran para ir a una “misión”.

Es muy difícil encontrar en Brasil, en Ecuador, en Bolivia y hasta en Venezuela a dos enfermeras peleándose en plena calle por venir a trabajar a Cuba. Esta penosa situación solo se genera en una nación que por más de 50 años padece un sistema de partido único y una economía centralizada.

El salario promedio de un médico cubano oscila entre 40 y 50 cuc al mes (un cuc es equivalente a un dólar) en un país donde los precios de los alimentos y el aseo personal, solo por citar dos ejemplos, es mayor que en cualquiera de los países de América Latina.

De que vale graduar a miles de profesionales de la salud, cuando estos prefieren trabajar de meseros en un hotel para obtener las propinas, cuando mantienen un estado de ánimo negativo y maltratan con cierta frecuencia a los pacientes debido a la gran cantidad de problemas que se le acumulan en la mente generados por la precariedad económica. 

 Cuentan que en los años noventa, cuando la prostitución comenzó a ser una de las principales atracciones para los turistas extranjeros, estos se negaban a creer que una “jinetera” cubana fuese doctora o licenciada en otro campo.

Si miramos hacia otros sectores, nos encontraremos a policías, fiscales y jueces que aplican la ley con las manos sucias, sancionando a miles de hombres, mujeres y jóvenes por delitos como receptación, malversación y otros que ellos mismos cometen a diario.

Y mientras tanto, continúan las reuniones, los congresos, los foros y demás eventos en busca de soluciones para ocultar la verdadera solución. Todo como parte de un círculo vicioso, de un sinfín, de un péndulo que lleva más de 50 años hipnotizando a los cubanos.

Gracias a varios factores, pero sobre todo al ejemplo de hombres y mujeres de la disidencia que durante años han ido labrando el camino a un altísimo costo, hoy son cada vez menos los cubanos que siguen el péndulo hipnótico del comunismo. Anualmente se marchan de Cuba miles de profesionales, pero lo que más esperanza a la nación, son el creciente número de profesionales que se declaran abiertamente opositores a la dictadura.

Esos, que profesionales o no, ya no le siguen el juego al déspota, esos que se dieron cuenta del engaño, esos que dejaron de pedirle cuentas a su jefe en el trabajo y de exigirle a su subordinado, para pedirle cuentas a la tiranía, son el hombre nuevo que necesita hoy la patria.

 

Katerine Mojena.

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