Carta abierta al General de Ejercito Raúl Castro Ruz

JDFerrer-barrotes

-De la serie de escritos de José Daniel Ferrer de cuando cumplía prisión en Las Tunas-

20 de abril del 2009.

¨Yo les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los maltratan¨. (Lc. 6, 27 -28)

General, se que para Usted y su hermano, el amor cristiano, máxima expresión de este divino sentimiento, no es más que simple estupidez y debilidad. Para mí, en cambio, es la principal fuente de justicia y factor fundamental en las relaciones humanas, si queremos preservar este mundo y tener sociedades moralmente sanas. De ahí mi empeño en ayudarle, a pesar de su contumacia.

En mayor o menor medida, todos nos equivocamos. La diferencia entre un hombre honrado y otro que no lo es, radica en que el primero asume su responsabilidad, reconoce sus errores y se esfuerza por rectificarlos, mientras el segundo, se obstina en justificarse, en culpar a otros y continúa con su mal proceder, sin detenerse a pensar en daño que causa a los demás y en el que se hace así mismo.

Cuando a mediados de diciembre del pasado año, Usted propuso en Brasil, cambiarnos por sus cinco espías presos en los Estados Unidos de América, pensé, que debido a su falta de experiencia con la prensa libre – acostumbrada a hacer preguntas incomodas- había perdido el control, y que ello explicaba su torpe e inmoral propuesta. Pero cuatros meses después – ahora en Venezuela- vuelve con lo mismo, en una clara muestra de poco tacto político y de total desprecio por la decencia y el decoro.

En aquella ocasión expresé mi opinión al respecto. Lástima que desde su Olimpo, los dioses no se interesen en conocer la posición de sus humildes victimas. De haberse interesado, al menos que la soberbia ya no le permita razonar con lógica, estoy seguro de que Usted no hubiese vuelto a pronunciar tal desatino.

¿Quién se cree que es para decidir por nosotros? ¿Quién le dijo que somos objetos de cambio? Usted tendrá poder para perseguirnos, para encarcelarnos, para ordenar fascistoides actos de repudio contra nuestras familias, para torturarnos, e incluso, para asesinarnos, pero no tiene el más mínimo poder para hacernos renunciar a nuestros ideales y a nuestro amor desinteresado por Cuba. Usted – ni nadie- puede quitarnos nuestro orgullo.

Como toda persona partidaria de la verdad y la justicia, me preocupo porque mis acciones y mis pronunciamientos, estén en armonía con estas. Pero créame que nunca he deseado tanto ser yo el equivocado – por el bien de Cuba y el suyo propio, que de mi suerte poco me cuido -, como cuando afirmo que usted no tiene la más mínima voluntad de favorecer los cambios que tanto necesita y quiere nuestro pueblo.

Si la tuviera, no haría, y mucho menos repetiría, tan indecorosa propuesta. Ustedes nos calumnian, afirman que somos traidores, y que sus espías son inocentes. ¿No le parece indigno, entonces, que sus “héroes” sean cambiados por “culpables”? Precisamente, porque estoy seguro de nuestra inocencia,- y nadie puede demostrar lo contrario- me niego a deber mi libertad a un trato como el que propone.

Si la tuviera comprendería que no se puede hablar de soberanía y autodeterminación de un pueblo, cuando a ese pueblo, se le niegan sus libertades fundamentales; cuando no se le permite expresarse libremente, ni elegir, en procesos democráticos y plurales, a sus representantes.

Si Usted tuviera en verdad buenas intenciones, como afirman algunos, reconocería que nadie posee el monopolio de la verdad. La verdad de un pueblo debe ser buscada, perfeccionada y cuidada por todos sus integrantes. No por un solo hombre o un partido único, por sabios y bienintencionados que pudieran ser. Muy acertadamente Martí dijo: “de los derechos y opiniones de sus hijos todos esta hecho un pueblo, y no de los derechos y opiniones de una clase solo de sus hijos”.

Si en verdad tuviera un poco de buena voluntad, comprendería que hay muchísimos cubanos –unos perseguidos, o marginados, otros en sus prisiones, y otros en el exilio -, que desean servir a su patria y a su pueblo. Cubanos que no sienten odio ni guardan rencor; cubanos preocupados por el respeto a todos los derechos humanos, por el desarrollo económico y la justicia social, por la protección del medio ambiente, por la patria y por el buen entendimiento, la igualdad y la solidaridad entre todas las naciones y entre todas las personas.

Cubanos contrarios a toda injusticia, a todos los embargos y bloqueos, a todas las restricciones – sean internas o externas -, que afecten el pleno disfrute de cualquier derecho humano. Cubanos que abogamos por un diálogo serio y respetuoso entre todos los hijos de esta bella tierra; un dialogo entre hombres y mujeres que con razón se sientan libres, un diálogo donde nadie quede excluido y del que salgan verdaderas soluciones para los grandes problemas que afectan a la nación. Y me estoy refiriendo a la falta de derechos y oportunidades, a la pobreza material y espiritual, a la crisis de la vivienda, a la escasez de alimentos, a los salarios insuficientes, entre otros que resulta imposible negarlos.

Si Usted tuviera en verdad sanas intensiones, ratificaba y respetaba los Pactos Internacionales de Derechos Humanos, desmontaba su tenebroso aparato represivo, reconocía a las organizaciones pacíficas independientes y convocara a elecciones generales, democráticas y plurales.

Si en realidad estuviese dispuesto a hacer lo correcto, dejaba de tergiversar la historia, de hurgar en viejas llagas con la intención de hacerlas sangrar nuevamente y cambiaba el gastado discurso de siempre, por uno más constructivo.

Si en verdad pensara en el bienestar de nuestro pueblo y en el de toda la región, renunciaba al dogmatismo ideológico tan característico en Ustedes y aconsejaba a sus aliados que no continuaran adentrándose por este peligroso camino.

General, es hora de ser sinceros. Ustedes atacan a la Organización de Estados Americanos (OEA), no por sus errores pasados, sino porque son ustedes los que no están dispuestos a reconocer los suyos y mucho menos a rectificarlos. Ustedes afirman que no desean pertenecer a dicha organización, no porque en realidad no quieran, que bien sabemos que les encanta estar donde quiera, y acaparar siempre la mayor atención, sino porque saben que es requisito indispensable para hacerlo, respetar los derechos humanos y las libertades fundamentales, el pluripartidismo político y garantizar la separación e independencia de los poderes públicos. Cosa estas que ustedes odian, porque atentan contra su monopolio del poder.

Cubanos que creemos en la necesidad de un nuevo orden mundial, de un modelo justo, humano y sostenible. Que nada tendría que ver, con el modelo represivo y empobrecedor que Ustedes no han impuesto durante medio siglo y que sus aliados pretenden imponer en sus respectivas naciones.

General, es hora ya de que rectifiquen, es hora de mirar juntos hacia el futuro, de que Cuba, previamente democrática, ingrese a los organismos de donde hoy se encuentra excluida por tener el único gobierno no democrático del hemisferio occidental. Una Cuba democrática, próspera e integrada, seguiría siendo solidaria, sin que su ayuda a otros pueblos, se sustente en la falta de libertad y en la miseria de sus ciudadanos.

Si usted demostrara con hechos, que en realidad tiene buenas intensiones, puede estar seguro que nuestro noble pueblo se lo reconocerá y que la historia lo juzgará muy favorablemente. Si hace lo que debe, podrá contemplar con satisfacción, el desarrollo económico y el progreso social, que un pueblo libre, responsable, solidario y trabajador, es capaz de alcanzar en corto tiempo, aún cuando el mundo se encuentre inmerso en una grave crisis.

Incluso, pienso que las autoridades estadounidenses correspondientes, llegado el momento, valoren, que desaparecidas las causas que originaron sus delitos, bien se les podría conceder un indulto a sus cinco espías. Entonces podría afirmar que volvieron y sin necesidad, de inmorales propuestas, ni de oscuras negociaciones.

Espero que esta vez no ignore mis sanas recomendaciones. Aunque lo haga y además decida ordenar nuevas represalias en mi contra, yo seguiré aconsejándole y cumpliendo con mi deber, como lo exige el amor cristiano. ¨Ustedes, lo conocerán por sus frutos…. Un árbol bueno no puede dar frutos malos, como tampoco un árbol malo puede dar frutos buenos” (S. Mt. 7, 16 – 18).
José Daniel Ferrer García

Prisionero de Conciencia.

Condenado a 25 años de cárcel por defender los Derechos Humanos en Cuba.

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