El poder ciudadano en Cuba.

UNPACU (Unión Patriótica de Cuba)

Yusmila Reyna Ferrera, periodista independiente
La afirmación de que en Cuba existe un poder, que pudiera considerarse paralelo al poder político que ostenta el gobierno actual parecería a simple vista para muchos algo incierto y hasta absurdo, dada la naturaleza totalitaria del sistema, absorbente de toda independencia, iniciativa o autonomía en la vida colectiva del país.
Sin embargo, si nos adentramos en un enfoque del poder, desde las funciones y potencialidades de los sujetos en el mantenimiento del poder gubernamental y como es lógico la obediencia, que hace que ese poder se realice y persista, podríamos comprender que el hecho de renunciar o decir no a esas funciones de pilar de la dictadura en el caso cubano, constituyen la vía esencial para comenzar a ejercer el poder ciudadano, que provoque cambios en el poder político y acceso a éste.
Pero, cómo impulsar a la población cubana para que haga uso de ese poder. Primeramente sería conveniente que todos los ciudadanos, que actúan como tal, contribuyan a que el resto conozca, qué significa ser un ciudadano y que cada uno de los que escuchen el mensaje, descubran que tienen o poseen poder. Sin dudas, una avalancha de información diversa, positiva y sobre la base de los intereses y motivaciones de cada grupo o persona en cuestión sería la base inicial para comenzar a empoderarlos. Esos mensajes serían emitidos por las más diversas formas: impresos, orales, audiovisuales, artísticos, etc. A tono con la creatividad de los mensajeros.
Luego que cada individuo esté consciente de su poder, mostrarle las diferentes vías que tiene para hacerlo efectivo sería lo ideal. Invitándolo a que se acerque a los grupos, movimientos, organizaciones, que aplican ese poder para que valore y tome o no la decisión de organizarse.
El número de personas que se integran a grupos que ejercen ese tipo de poder ciudadano, que implica en primer lugar el conocimiento y uso de sus derechos se multiplica en la Isla: médicos, profesores, abogados, cuentapropistas, universitarios, campesinos, etc. Debido en parte, a esa labor informativa de la que hablábamos, el activismo visible, sumado a la creciente inconformidad del cubano con su realidad.
Otra tendencia que permite afirmar que ese poder ciudadano existe y tiene mayores influencias es la frecuencia de actos o/y manifestaciones públicas que visualizan y detonan ese descontento popular, logrando presionar al gobierno en la toma de decisiones negociadas con la oposición. Por otro lado, es frecuente el establecimiento de demandas ante las autoridades locales y Asamblea Nacional, unido a un creciente prestigio nacional e internacional de esos grupos y personalidades como UNPACU, Damas de Blanco, Yoanis Sánchez, Guillermo Fariñas, José Daniel Ferrer, Bertha Soler, etc.
Lograr la conversión del poder ciudadano de la forma potencial actual a la real dentro de la sociedad cubana constituye un reto de todos los grupos que disienten. Y más allá de brindar pasos a seguir como receta para lograrlo, lo idóneo sería continuar formando a la población para que actúen como verdaderos ciudadanos, sinónimo de que la mayoría comience a ejercer más presión y de hecho más poder en todos los órdenes no solo el político, sino social, económico, institucional  y cultural.
De ser así, la naturaleza del sistema iría transformándose de forma pacífica y los cubanos se convertirían de sujetos dominados a sujetos ciudadanos, y por tanto activos generadores y creadores de propuestas para impulsar, desde el respeto a lo individual e independiente, el avance sociopolítico y definitivo del país.

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