¿Es seguro invertir en Cuba?

En la segunda mitad de la década de los 90, tras desaparecer la Unión Soviética y con ella el subsidio sostenedor de Cuba, el régimen cubano echo mano a la funcional economía capitalista como única opción para sobrevivir.

Se cambiaron y ajustaron las leyes para que los inversionistas extranjeros trajeran sus capitales al país, excluyendo como es lógico a los nacionales del boom privado. Era un recurso extremo y realizado de mala gana. Con la ayuda del entonces presidente español Felipe González, que creó en España facilidades para invertir en Cuba con seguros incluidos en caso de fracaso de la aventura para los españoles inversores. Resultó una aspirina para un tumor, elimina el dolor pero el mal sigue ahí.

hay pero perro no ha comido

Por esa época el mexicano Carlos Slim, propietario de negocios en el sector de las comunicaciones se lanza con la telefonía móvil en Cuba, una inversión cuantiosa provista por el inversionista mexicano y en la que el gobierno ponía la mano de obra esclava reteniendo la mayoría accionarial. Pasó el tiempo y un aura tiñosa por el cielo; financiando el gobierno cubano la subida al poder de Hugo Chávez, quien en reciprocidad subsidiaría la debacle económica perenne del gobierno cubano. Comenzó la retracción del gobierno cubano y el regreso a la trinchera del dominio total de la economía. Pagaron por igual los cubanos e ingenuos extranjeros, los cubanos que vieron un rayo de luz en el negocio privado de pronto se encontraron con barreras insalvables, trabas o cierres obligados de pequeños negocios, muchos de ellos familiares. Antes de eso, el régimen cubano se cercioró en demostrar toda práctica desleal con los socios extranjeros, dumping, negación de justicia en los litigios, mora de pagos para crear dificultades y finalmente comprar a precio de ganga la parte del empresario extranjero, así como otros inventos del bajo mundo financiero.

La empresa Cubacel de telefonía móvil, nombre del negocio compartido por el mexicano y el gobierno cubano, que posee el monopolio del sector, era una de las joyas de la corona cubana; luego de una fuerte inversión, es sólo sentarse para abrir y cerrar la caja cobradora. Ni corto ni perezoso el régimen cubano atacó con todo el poder que le da la absolutez y propiedad de la silla presidencial en manos totalitarias. Crea la empresa Ccom para hacer competencia y aplicando el dumping como punta de lanza; lanza ofertas con regularidad a precios muy por debajo del mercado, servicios gratuitos, etc. El inversionista mexicano al ver la pelea de león a mono amarrado, y resultar ser el mono que iban a destrozar, vendió su parte a otros inversores, esta vez italianos. No era un negocio por el que batallar, había recuperado la inversión y el mercado no prometía expandirse mucho más al encontrarse limitado a los extranjeros que residían en Cuba o temporalmente la visitaban. La clientela mayor, los cubanos, les era prohibido por ley tener una línea móvil. Finalmente, hasta los italianos vendieron al gobierno cubano su parte del negocio, un negocio que a más de las dificultades provocadas por el ineficiente partner, tenía posibilidades de enfrentarse a un proceso legal por el empleo de irreverentes violaciones de las leyes de comunicación, la privacidad y el uso por el mecanismo represivo político.

El cúmulo llegó a ser tal, que los países cuyos nacionales tenían inversiones en Cuba, firmaron convenios de protección de las inversiones con el gobierno; condición con que presionaron pues se hace notar que la única inversión que hay de nacionales tanto al interior como al exterior del país, es la de la familia Castro.

La trampa cazabobos aprobada recién por ¨unanimidad¨ viene a demostrar nuevamente la ineficiencia del sistema y el desespero por el final que se anuncia de ese mismo sistema, al incluir esta vez, cubanos residentes en el exterior.

Poco antes de pasar impertérritamente por encima de la Constitución cubana, se justificaba Raúl Castro diciendo que no se puede cambiar la carta magna tan a menudo, a continuación promulgaron la legislación permitiendo las cooperativas no agropecuarias, arrojando otro artículo constitucional como papel higiénico usado, uno más.

Al tomar el poder hace más de 50 años, robaron con el subterfugio de expropiaciones a todos los cubanos y extranjeros sus prósperos negocios, se los apropiaron queriendo pagar por millones, céntimos; a fecha de hoy, son los mismos con unos cuantos años de más quienes cometieron el robo y han sobrevivido a algunas de las víctimas incluso.

El tesoro mayor de personas y gobiernos es su crédito, el crédito de su palabra. La historia está ahí, no para entretener solamente, rellenar cientos de libros y protagonizar mediáticamente, sino para enseñar de las experiencias pasadas y aplicar esas enseñanzas, evitando repetir el error y acometiendo el camino mejor para los elevados propósitos que han guiado a la humanidad a través de peligros.

Chely, activista de la UNPACU

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