“FUGA DE CAPITALES”, CUANDO CONVIENE…

René Gómez Manzano

La Habana, 12 de noviembre de 2013, René Gómez Manzano, Abogado y periodista independiente

La prensa oficialista cubana continúa intentando justificar la arremetida gubernamental contra algunos cuentapropistas

El pasado lunes, el periodiquito Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, publicó, bajo la firma de Oscar Sánchez Serra, un artículo que aborda las últimas medidas del régimen que han afectado a distintos trabajadores por cuenta propia. Su título: “Preservar la legalidad y el orden: un interés de todos”.

Nuestro fin no es discrepar a ultranza del objetivo que enuncia el nombre que acabo de citar. En un plano hipotético, ¿alguien será capaz de impugnar la conveniencia de respetar la ley y mantener el orden! El problema radica en qué contenido concreto se le asigna a ese enunciado teórico por los escribidores castristas; en este caso específico, por Sánchez Serra.

Al comienzo de su trabajo, el colega arremete contra “quienes piensan que la nuestra es una sociedad acrítica, que no opina”. Según él, el sistema totalitario —al que él llama “la Revolución”— “nos ha convocado a ejercer el criterio para, entre todos, encontrar las mejores soluciones”.

El articulista de Granma emplea su optimismo incombustible para referirse al tema de las medidas adoptadas por el régimen castrista contra determinados trabajadores por cuenta propia, al cual dediqué mi artículo “El beso de la muerte”, publicado por CubaNet hace una semana. En particular, el colega ataca a los dueños de salas de exhibición y de videojuegos, así como contra los vendedores de confecciones extranjeras y de “artículos varios de uso en el hogar”.

Sánchez Serra ridiculiza en este contexto el concepto de “unanimidad”. “Ni asomo de eso hay en el abanico social sobre este tema”, ironiza. Lástima que, unas líneas después, afirme de modo tajante: “Tampoco asoman contradicciones antagónicas”.

¡Menos mal que el pudor le aconsejó reconocer la inexistencia de opiniones unánimes sobre el tema! ¡Resulta difícil imaginar una contradicción mayor que la existente entre alguien que ha desembolsado miles de dólares para acondicionar una sala de exhibición y los burócratas que, al prohibirle continuar su actividad, lo condenan a perder todo lo invertido!

El escribidor castrista se entrega a disquisiciones acerca de si las licencias en las que se amparaban los cuentapropistas afectados contemplaban o no las actividades que venían realizando. Lo que en modo alguno se cuestiona es la retorcida concepción misma que ha primado en este asunto. Ésta consiste no en admitir todas las actividades particulares (quizás con alguna excepción específica), sino —por el contrario— tolerar sólo aquellas que estén previstas de manera expresa en una lista limitada y casuística.

Sánchez Serra elogia la “sabiduría inmensa” de uno de los que se pronunció sobre el tema de las ventas de confecciones extranjeras. El opinante se pregunta: “¿Se han puesto a pensar cuántos millones de dólares se fugan del país por esas compras que después no se revierten en la población?”.

Según las peculiares ideas económicas de ese señor (con las que Sánchez Serra se identifica de lleno), esos comerciantes “cambian aquí CUC por USD y se los llevan a otro país para comprar”. Acto seguido, sentencia de modo terminante: “Eso es fuga de capitales”.

Parece que tanto el opinante en cuestión como el plumífero castrista no tienen presente algo obvio: ¡Comprar con dólares en el extranjero es justamente lo mismo que hace el régimen cubano cada vez que su Ministerio del Comercio Exterior adquiere artículos en otro país!… ¿Se atreverán a acusarlo también de “fuga de capitales”!

Con respecto a las exhibiciones cinematográficas, se refleja que algunos “abogan por la regulación de esos espacios a partir de la política cultural del país” y apoyan “una fiscalización de ellos para impedir la promoción de códigos ajenos a nuestros principios y valores como sociedad”. Aunque impugnan el despojo, respaldan —pues— el establecimiento de una nueva especie de Index Librorum Prohibitorum, sólo que ya no en los tiempos oscurantistas del Medioevo, ¡sino en pleno Siglo XXI!

¡Por esos senderos marcha la argumentación de los castristas cuando se afanan por justificar las últimas medidas del régimen contra algunos trabajadores por cuenta propia!

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