La cárcel, una escuela política

14ymedio

Hablamos con Anyer Antonio Blanco Rodríguez, líder de la Unión Patriótica de Cuba en Santiago

Cuando uno conversa con Anyer Antonio Blanco Rodríguez, joven líder de la Unión Patriótica de Cuba en la provincia de Santiago de Cuba, se queda con la impresión de haber conocido a un hombre maduro, cuya proyección duplica los 28 años que está a punto de cumplir. Resulta que en esa ecuación de “acciones partido tiempo” con la que algunos pretenden medir la eficiencia de la vida, Anyer acumula demasiadas experiencias en un lapso muy corto.

 Anyer Antonio Blanco Rodríguez. (14ymedio)
Anyer Antonio Blanco Rodríguez. (14ymedio)

Como todo niño de su generación alzaba la mano en el matutino de su escuela de El Caney para jurar que quería ser como el Che. Deseaba realizar su vocación artística –canta, toca el piano y la guitarra– así que entró a la Escuela de Instructores de Arte, donde se graduó en 2005 en la especialidad de dirección coral. Cuando llevaba solo un mes impartiendo conocimientos a niños de tercer y cuarto grado, lo llamó el Servicio Militar y allí fue donde su destino cambió para siempre.

Pregunta. ¿Cómo fue ese punto de giro?

Respuesta. Nos habían asegurado que nuestro sería considerado como un Servicio Social durante 5 años; también nos habían hecho creer que eso de ser artista y presentarse ante el público sería algo sencillo. Por eso me sentí tan frustrado cuando recibí la citación para la preparación militar, eso que le decimos “la previa”.

Después me ubicaron en la unidad 4377 en un sitio conocido como La Risueña, cerca de la carretera central. Ya yo empezaba a hacerme preguntas sobre la diferencia de lo que decían en la TV y lo que yo veía y vivía. Nos habían inculcado la idea de que aquí todo marchaba bien y allá afuera todo estaba mal, pero yo veía a familiares nuestros que venían de visita y no era como nos contaban. Ya no soportaba ni el programa de la Mesa Redonda ni el noticiero… Así que se me empezó a meter en la cabeza la idea de irme del país.

P. ¿Legal o ilegal?

R. Me puse a practicar como podía esconder un AK-47 en el pantalón y cómo caminar con el sin que se notara lo que llevaba escondido. A los siete días de estar en aquella unidad, exactamente el 22 de abril del 2006, estaba haciendo guardia en la posta 123, que cubría unos nichos de municiones. Cuando a las dos de la tarde me vi solo, le rompí la culata al AK 47 para poder esconderlo mejor y salí “rompiendo monte”, como hacían los esclavos en el tiempo de la Colonia.

Cuando fueron a hacer el relevo y se percataron de mi ausencia y la del fusil dieron la alarma, pero yo ya estaba en la terminal de trenes. Finalmente llegué a las 2 de la mañana a La Habana, pero en ómnibus. Yo nunca había estado en la capital, bueno nunca había estado solo, porque vine una vez siendo niño. Preguntando, encontré la base náutica de Jaimanitas, contigua a la Marina Hemingway. Le tuve que hacer un cuento al custodio, enseñándole mi carné de instructor de arte y haciéndole creer que venía a organizar una exposición. Estaba dispuesto a todo.

Cuando a la mañana siguiente intento entrar a la Marina, ya me estaban esperando. Cuando enseñé mi carné de identidad se me abalanzaron y me lo quitaron todo. De ahí me llevaron a unas unidades de castigo, donde empezaron los interrogatorios.

P. ¿Te arrepentiste de lo que habías hecho?

R. Está claro que yo no había medido bien las consecuencias de mis actos. A los dos meses, cuando llegaron a la conclusión que no había cómplices me trasladaron a una prisión militar en Santiago de Cuba para esperar un juicio por las siguientes causas: tentativa de salida ilegal del país, tenencia ilegal de arma de fuego, apropiación indebida, daños a bienes militares, abandono del servicio de guardia y deserción.

La suma de las condenas que me esperaban era más de 12 años, pero la fiscalía hizo una “petición conjunta” de 8 años. Finalmente la condena se quedó en 6 años. En ese momento yo tenía 17 años, cumplí los 18 estando detenido. Por ser menor primario sin antecedentes, legalmente debía haber cumplido solo un año y medio de privación de libertad, pero solo me faltaron tres meses para cumplir los 6 años completos.

“Lo que yo quería era irme del país y ahora me veía metido en una nave de pollos convertida en prisión”

P. ¿Cómo fue tu paso por la cárcel?

R. El 8 de septiembre de 2006 llegué -más bien me llevaron- a la Prisión Provisional de Aguadores. Para mí fue un choque, lo que yo quería era irme del país y ahora me veía metido en una nave de pollos convertida en prisión. Literas de 3 pisos, 200 hombres hacinados donde apenas cabrían 50, sin agua… Allí estuve unos 6 meses.

Empecé a mezclarme con los presos políticos, hombres como Ricardo Silva y Alexis Rodríguez, gracias a los cuales comencé a leer revistas y libros que ni sabía que existían, entre ellos una historia de Cuba. Fue el primer libro que leí en prisión. Entonces me llamaron dos agentes de la seguridad para reprenderme porque me reunía con ellos. A principios del 2007 me trasladaron a la prisión de Mar Verde de Santiago de Cuba, que tiene un régimen más severo.

P. ¿Nunca te acogiste al sistema de reeducación?

R. El trabajo era para los que se acogían al sistema de reeducación, para los confiables, que es la cantera de informantes dentro de la prisión. Obviamente, no fui seleccionado para recibir esos beneficios. Yo me estaba reeducando, pero a mi manera. Allí conocí a Luís Enrique Ferrer, hermano de José Daniel, él fue mi maestro.

Si bien yo no podía ser considerado un prisionero político, al menos me hice un preso politizado, un hombre con conciencia política. Leí y aprendí mucho en esos años, recuerdo entre esos libros Cómo llegó la noche, de Huber Matos. Fue detrás de las rejas como me enteré de qué eran los Derechos Humanos y cómo se violaban en Cuba. Después de estar cinco meses allí renuncié a todo y me declaré en rebeldía, me quité la ropa de recluso.

P. ¿Hubo represalias?

R. Al principio me dejaron tranquilo hasta que pasé de la etapa formativa de leer y educarme a la etapa de empezar a protestar. Protestaba por la falta de agua, la pésima alimentación, los maltratos… A las dos de la mañana, cuando todo el mundo estaba durmiendo, yo comenzaba a meter un discurso que, como había silencio, todos escuchaban. Recibía apoyo moral de la mayoría.

Luis Enrique era mi ejemplo, él daba discursos casi todas las noches. Cuando empecé a hacerlo, me quitaron las visitas, entonces hice mi primera huelga de hambre que duró 15 días. En la celda de castigo me ponían a la vista buenos desayunos y en el almuerzo cosas que nunca había visto. Cuando vieron que no cedería me llevaron a otra celda de castigo y después a la prisión de Boniato, la de máxima seguridad en Santiago de Cuba donde pasé el resto de mi condena. Allí hice otra huelga de hambre, también recibí golpizas, me puse plantado y estuve mucho tiempo en celdas de castigo.

“Si bien yo no podía ser considerado un prisionero político, al menos me hice un preso politizado”

P. ¿Tenías contacto con presos políticos en esa nueva prisión?

R. Allí me hice miembro de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU). Salí el 13 de enero de 2012 cuando me faltaban tres meses para cumplir los 6 años y al salir encontré en la disidencia una nueva familia. Todavía tenía la idea de irme de Cuba y por eso me inscribí en el Plan de Refugiados que tiene la Oficina de Intereses de Estados Unidos en Cuba. Todo el año 2012 trabajé junto a José Daniel Ferrer. Ya mí mamá se había hecho Dama de Blanco y también colaboraba con UNPACU.

P. ¿Hasta qué momento mantuviste la intención de emigrar?

R. La primera vez que viaje fuera de Cuba fue en junio de 2013, por 15 días a Polonia a un evento de la fundación Lech Walesa. Aprendí cómo los polacos se habían librado del régimen comunista. Antes de salir a ese viaje ya había renunciado al plan de refugiados, pero solicité una visa de visita a Estados Unidos. Así que de Polonia fui a Estados Unidos, donde pasé poco más de dos meses. Allá me reencontré con Luis Enrique y conocí a muchos de la comunidad cubana de la Florida. Luego visité Buenos Aires por un evento del Instituto Vaclav Havel, que tiene una subsede en Argentina.

P. Ahora estás estudiando en Puerto Rico ¿Cómo apareció ese curso?

R. En el viaje anterior a Miami había conocido al ex secretario de estado de Puerto Rico Kenneth McClintock, que fue representante a la Cámara y vicegobernador del partido Nuevo Progresista. Me propuso ir a Puerto Rico por 21 días y allí junto al señor Carlos López Lay, presidente de Bella Group International, me organizaron una beca que se llama “Jerónimo Estévez Abril”, donde hago un bachiller multidisciplinario en empresarismo (NDLR: estrategia para crear un tejido empresarial), historia y estudios internacionales. Esto es en la Universidad Sagrado Corazón, donde puedo permitirme luego hacer una maestría en ciencias políticas o empresarismo. De hecho, ya tengo la propuesta firme para cuando concluya la etapa de bachiller.

P. Esa formación puede hacer un hombre exitoso en cualquier parte del mundo. La otra opción es aplicar esos conocimientos para la Cuba del futuro. ¿Cómo enfocas eso?

R. De momento quisiera seguir estudiando. En 5 años, cuando termine la maestría, regresaré a Cuba con una mayor preparación. Mi meta sigue siendo esa.

P. ¿Tienes ambiciones políticas? ¿Harías esa labor dentro de la UNPACU?

R. La UNPACU es hoy un movimiento transitorio y algún día podrá ser un partido democrático. Soy optimista, de lo contrario ya me hubiera largado para siempre de este país, y me veo en el futuro trabajando para Cuba. Sí tengo ambiciones políticas, pero me inclino al trabajo diplomático, creo que sirvo para hacer buenas relaciones.

Fuente: 14ymedio.com

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