Líder de la OEA habla de Cuba y el caso Gross

The New Herald - El Nuevo Herald

JOHN YEARWOOD
¿Qué va a ser necesario para liberar a Alan Gross, el subcontratista del gobierno de EEUU encarcelado en Cuba?

R: Deberá haber algún contacto directo entre el gobierno estadounidense y el cubano. No creo que eso ocurra a menos que se hagan algunos cambios. Siempre pensé que se debería llegar a un acuerdo con respecto a los Cinco de Miami; algunos han sido puestos en libertad desde entonces. Creo que la situación del señor Gross es una situación humanitaria que tiene que resolverse. Si es posible abrir algún tipo de negociación, no sólo sería algo bueno para las personas interesadas, sino que crearía un mejor clima en las relaciones EEUU-Cuba, que son tan importantes.

El secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, durante un acto en abril pasado. Jacquelyn Martin / AP
El secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, durante un acto en abril pasado.
Jacquelyn Martin / AP

¿Tiene la OEA alguna influencia sobre Cuba dado que ya no tiene un contacto directo con la organización?

Cuba no participa en la organización. Ellos nunca han denunciado los estatutos (de la OEA), de modo que todavía están bajo el mandato de la Comisión de Derechos Humanos. Pero eso es básicamente simbólico. Existe un famoso factor de densidad en las relaciones internacionales. Cuando sólo se tiene uno o dos temas sobre los cuales se trata, sólo se tiene un poquito de influencia. Se tiene gran influencia sobre otros países cuando se tiene muchas relaciones. Y ese es el caso de Cuba.

Pero la OEA tiene relaciones con muchos países que tienen influencia en Cuba. ¿No se puede usar eso?

Ninguno de ellos está realmente dispuesto a actuar. Creo que, en el caso del señor Gross, algunos países de la región podrían ayudar debido a la importancia que los medios de prensa y los mismos Estados Unidos han dado al señor Gross. Estoy seguro de que, si se toman esas medidas, no sabremos mucho de lo que pasa. Todos los latinoamericanos son muy cuidadosos con respecto a sus relaciones con el gobierno cubano y quieren mantenerlas normales, de modo que ellos podrían no estar dispuestos a actuar directa o públicamente.

¿Cuán preocupado estuvo usted con respecto a la huelga de hambre del señor Gross?

Creo que no es nada bueno. Todos sabemos que su salud no ha sido la mejor. A su edad, este tipo de huelga es dañina para su salud. Tengo la esperanza de que eso impulse a algunos a hacer algún tipo de negociación para tratar de sacarlo de allí.

Y, ¿cree usted que los países latinoamericanos que tienen influencia ante Cuba deberían hacerlo para conseguir que lo pongan en libertad?

No sé si alguno de ellos ya lo está haciendo. No quiero suponer que no están haciendo nada. Prefiero suponer que se les ha pedido hacer algo, y que lo están haciendo.

Ellos no se mostraron insultantes. Fueron amables, y las señales dadas fueron todas sobre cosas que tenemos en común: libertad en Venezuela, etc. Creo que estamos en un momento realmente crucial. El diálogo está progresando: está adquiriendo calor, y algo va a pasar.

La oposición ha puesto condiciones a presentarse para el diálogo. ¿Tiene la OEA influencia alguna para animarlos a participar?

[Nota: Después de la entrevista, la oposición decidió participar en las charlas].

Algunas de las personas que protestaban en contra de usted aquí y en otras partes afirman que no se puede confiar en la OEA y que usted no está haciendo lo suficiente para resolver esta crisis. ¿Está usted de acuerdo?

Bueno, yo sé. Nos critican por no hacer lo suficiente, pero no podemos hacerlo todo. Esta es una organización de estados. Y no hay manera de que el secretario general pueda ir en contra de la voluntad de los países miembros. Eso no tendría sentido en absoluto. Sería como que las Naciones Unidas tomara sus propias medidas sin ponerse de acuerdo con el Consejo de Seguridad. Yo no puedo hacer eso. Y, dicho sea de paso, no debería hacerlo. Esta es una organización de países soberanos que tienen que tomar esa decisión.

¿Tiene usted la esperanza de que esta crisis se resolverá pronto?

Creo que hemos hecho adelantos. Miremos la situación en la que estábamos. Hace seis meses, nadie hubiera reconocido a la oposición de Venezuela. [El líder de oposición Henrique] Caprilles viajó por la región y no fue recibido por algunos jefes de estado latinoamericanos. Ahora, la oposición es visible y legítima. Creo que ellos tienen problemas. Pero para seguir procesándolos, creo que tienen que participar. Ellos no se pueden aislar de los procesos que la comunidad internacional está tratando de llevar a cabo. La economía de Latinoamérica parece haber resistido en gran medida la crisis económica.

¿Qué cree usted que sucederá en América Latina en los próximos años?

Estamos saliendo de una década que fue tremenda para América Latina. El crecimiento fue increíble, en especial para los países del sur, y por lo tanto la región está en una situación económica mucho, pero muchísimo mejor de la anterior. Esto fue fundamentalmente, como se ha dicho muchas veces, basado en las exportaciones. Llegó mucho capital a la región debido a la situación en Estados Unidos. Probablemente nos entrará menos capital debido a las medidas de la Reserva Federal. De modo que tendremos que arreglárnoslas con menos. Pero eso no significa que Latinoamérica no va a crecer. Se continuará exportando materia prima porque el capital seguirá entrando, pero [no] a la misma velocidad que antes.

La República Dominicana está lidiando con un fallo divisivo de su Tribunal Constitucional sobre si los hijos de inmigrantes haitianos podrían hacerse ciudadanos.

¿Cómo podría la OEA ayudar a resolver ese asunto?

Hemos estado dispuestos a hacerlo, pero todavía no nos han llamado a tratar de encontrar una solución. Probablemente porque las declaraciones más fuertes sobre el tema han provenido de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, los cuales son instrumentos de la OEA. Ellos han condenado muy claramente lo que sucedió en la República Dominicana. Eso hace que yo, como secretario general, tenga que ser muy cuidadoso acerca de intervenir en el asunto de un modo que pueda de alguna manera debilitar la posición de la Comisión de Derechos Humanos. Las condiciones que la OEA está poniendo al respecto son muy fuertes. Queremos que, en última instancia, la situación de las personas que nacieron en la República Dominicana sea reconocida, no para naturalización, sino para simple readmisión. No creo que se pueda pedir a alguien nacionalizarse en el país en que nació. Y ese es el asunto clave hoy día.

Muchas personas han dicho que el fallo prueba que la República Dominicana es intrinsicamente un país racista. ¿Es eso correcto?

Es un problema racial, sí, pero es como decir que la República Dominicana es un país poblado de personas de raza caucásica. En realidad, la mayor parte de ellos son afroamericanos o tienen alguna medida de sangre afroamericana en sus venas. Creo que es un problema de muchos años que ese problema no haya sido resuelto, y muchas personas han acudido a la República Dominicana, y muchos dominicanos consideran que están siendo descuidados por el gobierno porque se está ocupando de esas otras personas. Esto tiene razones sociales, pero la solución a la cual se llegó no es realmente aceptable según los estándares de la comunidad internacional.

Fuente: El NUevo Herald

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