Los Comités de Defensa de la Revolución entre el Desánimo y el Miedo.

Yusmila Reyna Ferrera, periodista independiente

sobrelosCDR

Los avatares de los CDR en Cuba representan una triste página de la historia, por su papel protagónico en el control de cada miembro de la familia cubana, desde su nacimiento. Registrando todos sus datos personales y rindiendo cuenta de su vida en la zona donde radican, en cuanto a actividad comercial, guardia cederista, participación en reuniones, trabajos voluntarios, otras actividades políticas y recreativas. Este tipo de vida de la mayoría de los cubanos en plural, que no es más que la falsedad del nosotros, ha traído consigo la despersonalización del individuo evitando que sea capaz de tener un pensamiento libre y que luche antes que todo por su realización personal, y que sin dejar de ser él, contribuya a lo colectivo.
La celebración en este año, de 53 aniversarios más de la creación de este instrumento de dominación del gobierno cubano y de su octavo congreso resulta intrascendente, primero por la falta de motivación de la mayoría de sus integrantes y segundo porque en eventos como esos, comunes en el país, siempre se arriban a los mismos resultados, y entre ellos, el apoyo incondicional a la ¨revolución¨. Cosa a la que contribuye por supuesto, el que los participantes sean sin excepción los más comprometidos con el sistema, nunca con la organización.
También los CDR han sido protagonistas en la represión de cada vecino que se oponga al gobierno o que tan solo escuche o vea Radio y Televisión Martí, mediante la integración a las Brigadas de Respuesta Rápida, con su consabido papel de agresiones físicas y verbales.
La llamada chivatería no falta, pues el ojo velador a través de una ventana semiabierta o desde el portal de cada casa. En cada cuadra cubana siempre se sabe quién entra, sale, cómo lo hace, con qué y con quién, y no es raro que también se sepa hacia dónde se dirige.

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Aunque estas funciones del CDR no han cambiado, pues el mismo gobierno lo autoriza y facilita a través del financiamiento de las diferentes estructuras y sus dirigentes a todos los niveles en el país y desde la propia disposición del espacio urbano y en parte el rural sin privacidad para la realización individual: casas pared con pared, servicios colectivos, guardias cederistas, colaboradores de la policía política, etc. El entusiasmo por la organización de ¨masas¨ ha disminuido año por año y entre sus propios dirigentes de base, constituye solo una tarea más realizada de forma mecánica, cada día son menos los que realizan guardia cederista, trabajos de limpieza en la cuadra, etc. y mucho menos los que desean de forma espontánea ocupar cargos de presidente, ideológico u otra responsabilidad.
También son menos los que se interesan por participar en la fiesta del 27 esperando el 28 de septiembre, solo pequeños grupos, atraídos no por su apoyo incondicional al gobierno sino por el ron o la cerveza y un poquito de caldosa para resolver la noche. Entonces, si existe tal desánimo por qué no ha desaparecido aún dicho instrumento y las personas siguen registrándose para ser controlados y prestarse aún para velar y reprimir a sus propios vecinos, por la sencilla razón del imperio del miedo. Temor a ser despedidos del centro laboral, a no recibir avales para cumplir “misiones”, a buscarse problemas con la universidad de los hijos o ser encarcelados, etc., etc.

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