Opinión El Nuevo Herald – ALEJANDRO RIOS: El Grinch

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Opinión El Nuevo Herald – ALEJANDRO RIOS: El Grinch

By AlejandroRíos

Esta semana concluyen las jornadas festivas de Navidad y fin de año. No obstante la crisis económica que la agobia, España tiró la casa por la ventana para celebrar la llegada de los Tres Reyes Magos. Así mismo aconteció en La Pequeña Habana donde, además, el domingo podrán disfrutar de la tradicional Parada por la Calle 8.

Los días fueron pantagruélicos, como suelen ser. De reencuentros, memorias tristes por los que ya no están, y de armonía familiar. En mi casa me hacen poner el arbolito de Navidad poco antes de Thanksgiving para poder disfrutarlo más. Esta semana lo acabo de reciclar. Anoche me asomé al Happy Hour, show de televisión de mi buen amigo Carlucho donde tres actores, enfundados como reyes, hacían las delicias de los niños.

En Cuba, sin embargo, la porra castrista intervino la celebración planeada por las Damas de Blanco y cargó con todos los juguetes que iban a ser distribuidos para los pequeños. En el oriente de la isla, la Unión Patriota Cubana (UNPACU), sí volvió a desafiar al régimen y cerca de cuatrocientos infantes lograron disfrutar de una fiesta espontánea para celebrar la llegada de los míticos reyes.

Hace unos años, diplomáticos españoles salían a desfilar con golosinas por las calles de La Habana cada 6 de enero pero, al final, la dictadura logró coartarlos como provocadores y se vieron obligados a suspender el esperado evento.

Los estrategas de la policía política cubana ahora son dados a ejecutar actos de repudio con música ensordecedora y pioneros.

Esta semana trataron de desvirtuar, otra vez, la celebración de la fecha con varias congas, a la usanza de los tiempos de la esclavitud, por los predios de Eusebio Leal, La Habana Vieja. No hubo juguetes ni caramelos pero sí una procesión del llamado Cabildo de los Reyes Magos con populares comparsas como las Componedores de Batea y los Zanqueros de La Habana.

Dice un despacho proveniente de la isla que la ocasión también sirvió para que los creyentes de la religión afrocubana festejaran los “buenos augurios para el 2014”, pues según sus sacerdotes este año viene “iré”, o sea, propicio.

En Cuba, la Navidad desapareció por resolución gubernamental, pues el país se encontraba enfrascado en la fracasada zafra de los diez millones por los años setenta. Tímidamente regresó luego de la visita del Papa Juan Pablo II en 1998. El Día de los Reyes Magos, sin embargo, se fue para no volver.

No recuerdo a ningún representante de la Iglesia Católica que se haya opuesto a tantas tropelías con una fiesta que le es afín. Tampoco escuché a ninguno de los famosos intelectuales que nos visitaban a comienzos de cada año, para fungir como jurados del premio Casa de las Américas, luego de disfrutar las festividades de diciembre en sus respectivos países, preguntar, por simple curiosidad, por qué en aquella isla “esperanzadora” no se le ponía atención ni a las Navidades ni al Día de los Reyes Magos.

Ahora mismo a la prensa internacional le parece lo más natural que en temporada tan señalada para el resto de la civilización occidental, en Cuba sigan dando empellones a quienes no concuerden con la política talibanesca de los Castro.

Guardo el recuerdo de cuando me harté de tanta prohibición y le traje a mi mamá un gajo para simular un arbolito y lo adornó de manera primorosa.

La columnista Daisy Valera, de Havana Times, responde lo que significa, actualmente, la fecha en la isla: “Se festeja con árboles de Navidad sin regalos, carne de cerdo asada y dulce de fruta bomba. Sin villancicos y con reguetón”.

Fuente: El Nuevo Herald

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