Siempre estarán en nuestra memoria

JDFerrer-barrotes

-De la serie de escritos de José Daniel Ferrer de cuando cumplía prisión en Guantánamo-

Luego de más de un año intentando conseguir un buen diccionario enciclopédico lo más actualizado posible, en el 2005, encontrándome en ese antro de terror que es la prisión Kilo 8, en Camagüey, recibí, gracias  a la generosidad de un compatriota exiliado, un diccionario biográfico Larousse, editado en Gran Bretaña en 1994.

Concluida la corta visita familiar que cada cuatro meses mis captores me permitían, de vuelta en la celda, revisé la literatura que la rígida censura de los carceleros comunistas me había permitido pasar. Un buen libro es como  un hermano que nos acompaña, habla, instruye, anima y entretiene.

Me detuve en aquel ejemplar de más de 1600 páginas, donde aparecen  más de 20 000 personalidades que un equipo de expertos consideró como los más famosos en la historia de la humanidad.

Aunque escrito en inglés, lo que dificultaba mi comprensión, me sentía como un niño a quien le acaban de regalar el juguete que tanto ha deseado. Lo primero que  se ocurrió  fue buscar a los cubanos que aparecían en aquel texto. Comencé por la letra M, curioso de ver que se decía sobre el más ilustre y universal hijo de nuestra tierra.

Estaba seguro de que encontraría el Apóstol de  nuestra independencia, al brillante pensador, al abogado, escritor, poeta y diplomático; al maestro; al amigo de los niños, y de todos, al  héroe, al  mártir. Pero recibí un duro golpe: no estaba en ese importante libro el hombre de la  ´´Rosa Blanca´´, que vive y vivirá siempre en el corazón de millones de personas de buena voluntad.

No aparecía allí aquel a quien ayer, y siempre, rendimos sincero homenaje quienes como él, creemos que: La Patria es ara y no pedestal y que de los derechos y opiniones de sus hijos todos, está hecho un pueblo, y no de los derechos y opiniones de una clase sola de sus hijos.

Decepcionado por aquella imperdonable omisión, fui en busca de otro insigne compatriota: El filósofo y hombre de Dios que vivió humildemente, siempre preocupado por los pobres, los enfermos y los niños, el educador y  precursor de nuestra identidad nacional, el de las Cartas a Elpidio, y  tampoco aparecía.

Busqué entonces al abogado bayamés, al del Alzamiento de La Damajagua, al que lo arriesgó todo por la independencia y la libertad; al que respondió al adversario cuando le tomaron al hijo y le dijeron que lo fusilarían si no deponía las armas: Oscar no es mi único hijo. Yo soy el padre  de todos los cubanos. Mi  inicial alegría iba en picada.

Fui al principio del diccionario y decidí ir  buscando letra por letra, según el caso. En la A  teníamos a una bailarina excelente cuya edad es imposible precisar y que es todo lo contrario como ciudadana. No puede ser buen ciudadano quien se conforma con una situación de villanía, y mucho menos quien la apoya.

En la B, solo un dictador; el que recibió el apoyo de los comunistas cuando se postuló y resultó electo presidente en 1940, el que 12 años después interrumpió el curso democrático que llevaba la nación y dio lugar a que otro dictador implantara el más dañino régimen que ha conocido el Hemisferio Occidental.

Comenzaba a preocuparme la idea de que en la siguiente letra solo apareciera el tirano de las últimas cinco décadas; el que prometió una revolución democrática e instauró un régimen de corte estalinista y ha hundido a Cuba en la total miseria y la más infame opresión.

Ya me preguntaba: ¿Será que en este diccionario no aparece  ningún cubano amante de la libertad? Pero no, no era así. En la primera página dedicada a la C, vi el nombre de uno de nuestros mejores escritores; aquel que marchó al exilio porque le disgustaba ver la cultura encadenada. El de tres tristes tigres, el del Premio Cervantes, el que falleció lejos de su Gibara natal.

En esa misma letra encontré al más genial ajedrecista que ha dado esta hermosa tierra. Luego, a otro destacadísimo literato, el de El siglo de las luces quien  parece  perdió  el paso y se involucró con un tenebroso reino que no se sabe ni a qué mundo pertenece. El cuarto en esa letra, como era de esperar, resulto ser el ya anunciado abuelo del despotismo del siglo XXI.

Como para que no se ensombreciera mas mi ánimo, en la H, hallé a otro amante de la libertad y destacado poeta de inspiración romántica, que desdichadamente murió muy joven. Autor de Oda al Niagara y del Himno del Desterrado, me emocioné al recordar estos versos:

Si es verdad que los pueblos no pueden

Existir sino en dura cadena,

Y que el cielo feroz los condena

A ignominia y eterna opresión,

De verdad tan funesta mi pecho

El horror melancólico  abjura,

Por seguir la sublime locura

De Washington, y Bruto, y Catón.

 

En la L, uno de nuestros mejores pintores, el de La Jungla, y Trópico de Capricornio.

El tiempo pasaba casi sin darme cuenta. Abandone la búsqueda de compatriotas donde mismo la había iniciado, en la letra M, y decidí buscar, según me venían a la mente, destacados luchadores por la libertad y los derechos humanos en el siglo XX. En esto tuve más suerte. Uno tras otro fueron apareciendo el Mahatmata, el Pastor Protestante que tuvo un bello sueño y por el dio la vida; el autor de El Poder de los sin Poder, el electricista líder de Solidaridad; el dirigente del Congreso Nacional Africano, símbolo de la resistencia al régimen de Apartheid, el físico que fundó el Comité Ruso para la Defensa de los Derechos Humanos; la viuda de este; y otros, que también sufrieron incomprensión, persecución y prisión, por defender causas justas. Para todos ellos mi  admiración  y respeto.

El próximo objetivo serían mis escritores favoritos. Pero era bastante tarde y me sentía muy agotado después de una intensa jornada. Todavía tenía que poner un poco de orden en mi pequeña celda. Al día siguiente continuaría con aquel útil libro.

Después de eso, han llegado a mis manos tres diccionarios enciclopédicos de diferentes editoriales, publicados en años recientes y en idioma español. Dos que me prestaron allá en Camagüey y uno que me enviara una amiga holandesa. Los tres, por supuesto, con mucho menos datos sobre las personas que en ellos aparecen, en comparación con el antes mencionado diccionario biográfico. Pero por lo menos, no he vuelto a sufrir una desilusión como aquella. De todas maneras nuestros héroes, estarán siempre, en nuestra memoria. A ellos rendimos perenne homenaje.

José Daniel Ferrer García

Prisionero de Conciencia.

Prisión Provincial de Guantánamo, Cuba.

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