Traición en Bruselas

Diario De Cuba

Las negociaciones entre la UE y La Habana son un reto para los que luchan por la libertad en la Isla, pero presentan una gran oportunidad.

La Unión Europea iniciará a corto plazo negociaciones con La Habana, que durarán un año o dos, para establecer una nueva política hacia Cuba. La oposición democrática en la Isla y en el exilio han dicho que la iniciativa, al descartar la Posición Común, responde a los intereses económicos de los europeos, que de esta forma le están dando la espalda a los cubanos que desean los mismos derechos humanos que ellos disfrutan.

Los críticos apuntan correctamente que la Posición Común establece que, para normalizar las relaciones con La Habana, tiene que mejorar substancialmente la situación de los derechos humanos. Muchos temen que se repita el lamentable espectáculo de la cumbre de la CELAC en La Habana, en el que ningún mandatario latinoamericano mencionó la represión y la falta de libertades en el país.

Pero la UE no es la CELAC, y para poder juzgar las intenciones de los europeos hay que conocer en más detalle la Unión Europea y la reunión que acaba de tener lugar en Bruselas. Bruselas no es La Habana, de manera que la Posición Común en su situación actual se mantendrá a pedido de la República Checa y de Polonia, hasta que las negociaciones lleguen a su fin. Según una fuente europea, citada por El Nuevo Herald, “esas negociaciones durarán uno o dos años”, si se llevan a cabo en un espíritu “constructivo”.

Ese espíritu constructivo tiene algo que ver con las declaraciones de José Manuel Barroso, el presidente de la Comisión Europea, que ha dicho que “es muy importante que Cuba respete los derechos humanos, que no tenga presos políticos… Es muy importante la libertad de expresión, la libertad de asociación”. En palabras de la jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton: “seguimos expresando nuestra preocupación en lo relativo a los derechos humanos”.

Además, el documento final tiene que ser aprobado por unanimidad y tendrá fuerza legal, no como la actual Posición Común, que no cuenta con una forma efectiva de implementación, como puede verificar cualquiera que se informe sobre los acuerdos bilaterales que desde 1986 ha firmado La Habana con 15 países europeos.

Esto no quiere decir que La Habana y otros no tengan su propia agenda, y que la negociación no incluya aspectos económicos y comerciales que La Habana necesita urgentemente. Lo que quiere decir es que, aunque los derechos humanos continúen siendo el elemento esencial de las relaciones entre la UE y Cuba, y sirvan de base para la nueva política europea que aún está por negociarse, la oposición democrática en la Isla y sus amigos en el exterior tienen que mantenerse vigilantes para que las negociaciones en una forma práctica incluyan derechos humanos en general, los derechos sindicales, el derecho de asociación, y el impacto de las inversiones extranjeras en el medio ambiente de la Isla.

Y como los 28 estados miembros de la UE tendrán que dar su aprobación, la puerta se abre para muchas gestiones con esos gobiernos de parte de la oposición en la Isla, de los cubanos a los que ahora se les permite viajar al exterior, de los cubanos libres en Estados Unidos y otros países, y de las organizaciones de derechos humanos internacionales que conocen el drama cubano. Además, los países que sufrieron por décadas bajo la Cortina de Hierro —y sus experiencias en la transición a la libertad— serán parte de las negociaciones con La Habana.

Para los europeos, de lo que se trata es de comenzar la negociación a nivel gubernamental entre la UE y La Habana. Las negociaciones, como ya se ha dicho, durarán un par de años si todo marcha bien. En las discusiones habrá oportunidad para la diplomacia pública y para que participen miembros de la sociedad civil cubana, que continúa siendo reprimida por Raúl Castro.

Europa no quiere seguir lidiando con Cuba como si fuera un caso especial. Los europeos no quieren darle una justificación al régimen —no importa cuán pueril— para que trate de justificar la represión diciendo que la revolución está siendo atacada y tiene que defenderse.

Hace años el régimen cubano retiró su petición para unirse al Tratado de Cotonou, compuesto por 75 países. Este Tratado busca incorporar a la economía mundial a países en desarrollo de África y América Latina. Los europeos les dan beneficios comerciales, pero La Habana retiró su petición debido a que los europeos insistieron en considerar a Cuba exactamente como a los otros países, mas La Habana quería una excepción en cuanto a derechos humanos.

Para el régimen, el inicio de las negociaciones es una espada de doble filo. Mientras Raúl Castro espera que el nuevo acuerdo con Europa legitime su régimen de un solo partido político y sus hasta ahora mínimas reformas económicas, la negociación incluirá un análisis de la situación de los derechos humanos, las restricciones sobre el comercio y la actividad económica que el castrismo impone al pueblo cubano, el inmovilismo del gobierno que se niega a liberar el potencial empresarial de los cubanos, y la liberación de los presos políticos.

Si los europeos actúan en consonancia con sus declaraciones, la oposición cubana debe oírse en Bruselas. Los representantes de la Unión Europea en La Habana tienen que reunirse con los disidentes. Los críticos que dicen que la causa de Cuba libre no tiene amigos, desconocen el trabajo realizado por Vaclav Havel, Lech Walesa y muchos otros. No es suficiente denunciar políticas con las que uno está en desacuerdo. Las negociaciones entre la Unión Europea y La Habana son un reto para los que luchan por la libertad en la Isla, pero presentan una gran oportunidad. Los que queremos ver una Cuba donde todos los cubanos puedan vivir en libertad bajo el imperio de la ley, tenemos trabajo que realizar.

 


Martin Palous fue vocero del movimiento Carta 77 y embajador checo ante Naciones Unidas. Hoy dirige la iniciativa Vaclav Havel por los Derechos Humanos y la Diplomacia en la Universidad Internacional de la Florida y preside la Plataforma Internacional para los Derechos Humanos en Cuba.

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