Quitándoles juguetes a los niños, por René Gómez Manzano

René Gómez Manzano

Las ocupaciones de juguetes realizadas en Cuba este enero representan un nuevo despojo a los ciudadanos

René Gómez Manzano
René Gómez Manzano

Entre las expresiones que suelen utilizar nuestros vecinos norteamericanos, hay una que me parece especialmente gráfica: Quitarle un dulce a un niño. Como resulta obvio, esa frase se emplea para estigmatizar a alguien a quien se considera capaz de cometer los actos más bajos.

Recordé esa expresión al enterarme de la última hazaña de la policía política castrista, que en la festividad de los Reyes Magos y los días precedentes, se empleó a fondo para impedir que distintos activistas prodemocráticos alegraran un poco la vida gris de muchos chiquillos cubanos con fiestecitas y regalos financiados con generosidad por compatriotas exiliados.

El 3 de enero, en la capitalina sede nacional de las Damas de Blanco, en Palma Soriano, Santiago de Cuba y Palmarito de Cauto, se practicaron registros policiales, Los agentes represivos se apoderaron de cientos de juguetes, así como comestibles y otras cosas destinadas a las actividades infantiles que el referido movimiento femenino y los activistas de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) tenían previsto realizar.

En el trabajo de la colega Lilianne Ruiz consagrado al tema que publicó CubaNet, se reproduce una frase memorable, que figura en uno de los atestados policiales levantados durante las acciones represivas: “Los niños cubanos no necesitan los juguetes de contrarrevolucionarios”.

La ocurrencia no es nueva, pues las autoridades castristas, sin contar con los ciudadanos necesitados, suelen repulsar los auxilios que a ellas mismas (por vivir en la opulencia “revolucionaria”) no les hacen falta, pero que sus súbditos desearían recibir. ¿No se recuerda cómo rechazaron la ayuda que tras el paso de huracanes ofrecieron Estados Unidos y otros países cuyos gobiernos no son de su agrado?

La temprana actuación de las fuerzas represivas este 3 de enero permitió que, en el caso de los miembros de UNPACU residentes en Villa Clara, se produjera una situación distinta a la de La Habana y Oriente. Alertados por los pillajes perpetrados, el licenciado Guillermo (Coco) Fariñas y sus seguidores hicieron lo que de ellos dependía para que la policía política castrista sufriese un sonado fiasco.

Ignorantes del lugar seleccionado para el acto, los agentes represivos se concentraron el día 5 ante la sede santaclareña de las Damas de Blanco. Preparando el consabido “acto de repudio”, iniciaron en la vía pública, frente al citado lugar, una insólita actividad recreativa, con la participación de payasos y otros artistas. Transcurrió el tiempo, y los potenciales “repudiantes”, cansados, empezaron a retirarse del lugar; los clowns invocaron otros compromisos laborales. En resumen, las fuerzas mermaron.

Ya pasado el mediodía, Fariñas dispuso que los niños fuesen orientados a concentrarse frente a su casa, a unas dos cuadras de donde se preparaba el “acto de repudio”. Aproximadamente medio millar de muchachos acudieron, acompañados de padres y otros familiares. Mientras tanto, los regalos, que habían permanecido a buen recaudo en manos amigas, fueron trasladados a la casa del Premio Sájarov 2010.

Los congregados se mostraban inquietos. Los infantes gritaban “¡Juguetes! ¡Juguetes!”. Los adultos, enardecidos por las noticias de los decomisos perpetrados por la policía política en otras ciudades, se mostraban desafiantes: “¡Yo quiero ver quién coño es el guapo que les va a quitar a mis hijos los juguetes que les van a regalar!”

Mientras tanto, a un par de cuadras, los “segurosos”, las manos a la cabeza, contemplaban el espectáculo. Por supuesto que contaban con fuerzas para reprimir la concentración, pero ese actuar tendría un elevado costo político. En definitiva, aceptaron el revés. La distribución de los regalos comenzó por los vecinos, y el número de éstos fue tan grande que algunos no alcanzaron. Los hijos de los luchadores prodemocráticos quedaron para otra ocasión posterior.

Lo más importante de todo es que la policía política no logró en ningún caso impedir por completo la conmemoración de la festividad cristiana. En La Habana y Oriente hubo menos juguetes, también fue menester adquirir de urgencia globos, golosinas y otras chucherías, pero las fiestecitas se celebraron a pesar de todo.

Volviendo al refrán anglosajón, reconozcamos que él resulta pálido en comparación con los actos perpetrados por los corchetes castristas. No cabe justificar a quien despoja a un niño de un dulce, pero es posible que se trate de alguien obnubilado por la necesidad, que codicia la golosina para paliar el hambre.

¿Pero qué justificación puede tener quien se apropia de un juguete que él mismo no va a utilizar? Es el clásico perro del hortelano. Ése fue el sombrío  rostro que mostraron los agentes de la Seguridad ante los cubanos, que con cada nueva medida que adopta el régimen comprenden mejor cuál es la verdadera esencia de éste.

 

La Habana, 13 de enero de 2014

René Gómez Manzano

Abogado y periodista independiente

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